¿Conoces los vinos blancos con crianza?

Seguramente hayas oído hablar muy poco de los vinos blancos con crianza y es que son los grandes desconocidos para muchos amantes del vino. Por eso, hoy queremos acercarte un poco más a este tipo de vino.

Hay cierta creencia en que todos los vinos blancos están elaborados para consumir en el año, pero no es del todo cierto. No podemos generalizar la idea porque dejaremos de disfrutar de grandes vinos producto de grandes elaboraciones. Así que te contamos cuáles son los vinos blancos que puedes consumir pasado el año primer año.

  • Aquellos vinos que han estado en contacto con sus propias lías tendrán mejores propiedades de conservación. Y es que, puede suceder que estas lías se hayan trabajado para la crianza de vinos blancos en depósitos de acero inoxidable o barricas de roble. Esto le proporciona al vino una gran complejidad y matices muy agradables.
  • Los vinos blancos con crianza en barrica. Su tiempo de crianza determinará si es un crianza, reserva o un gran reserva.
  • También serán vinos blanco con crianza aquellos que el enólogo o la bodega indique, o que recomiende su consumo en un momento determinado. No debemos olvidar que el enólogo de la bodega es quien sabe cuáles son las condiciones de elaboración del vino, los parámetros que han marcado cada proceso y es quién mejor puede decir si un vino va a alcanzar puntos óptimos antes o después.

Cómo servir el vino blanco

El vino blanco debe servirse a una temperatura generalmente de entre 8 y 10 grados centígrados para potenciar el frescor de los aromas florales, a cítricos y frutales. En cambio, los vinos blancos con crianza es conveniente servirlos a una temperatura un poquito más alta (1 o 2 grados más), para que se aprecien mejor las propiedades transmitidas de dicha crianza.

Si un vino blanco sin crianza lo servimos a una temperatura más elevada de la recomendada, el alcohol tomará más protagonismo y apaga los aromas.

Por otro lado, los vinos blancos con crianza son muy identificables debido a su color amarillento apagado y menos brillante que los vinos blancos jóvenes. En este sentido, cambian del verdor al dorado de una manera muy rápida.

En la fase olfativa, hay una pérdida de la frescura de la fruta y los cítricos, cobrando más fuerza los aromas apagados, menos frescos e intensos como las frutas maduras y aromas característicos de la madera. Y en boca, los vinos blancos con crianza tienen una gran complejidad y matices propios de la crianza y/o las lías.